Entornos Torturantes (TES)

Entornos Torturantes (TES)

 

Tradicionalmente, la tortura ha sido medida en investigación a través del uso de listas de métodos. Sin embargo, estas listas resultan insuficientes. Por un lado, dado que son incapaces de recoger las infinitas formas de tortura que la imaginación humana de los perpetradores puede producir; y por otro, puesto que la experiencia de cada víctima es subjetiva y, por tanto, imposible de tipificar, ya que cada una de estas sufre una combinación de métodos particular. 

La conocida definición jurídica de la tortura reflejada en el artículo 1 de la Convención de las Naciones Unidas considera esencialmente la tortura como “la imposición intencional (u omisión de protección) de dolor físico o mental por parte de agentes del Estado para uno de los fines enunciados en la Convención” (información o confesión, castigo, intimidación o discriminación). Es decir, que esta definición se centra en torno a los actos que el perpetrador realiza sobre la víctima.

Por otro lado, la definición biomédica de la tortura pone el énfasis en el objetivo final del proceso de tortura: la ruptura y la sumisión del individuo. Aquí, la tortura se conceptualiza como el “uso de técnicas basadas en agresiones físicas, cognitivas, emocionales o sensoriales que se dirigen a la mente consciente y causan sufrimiento, daño y ruptura de identidad en la mayoría de los sujetos sometidos a ellas. Por tanto, desde el punto de vista neurobiológico esto se logra construyendo contextos que inducen a la impotencia, la pérdida de control y el miedo.

Desde un punto de vista ético y filosófico, la tortura es un tipo especial de relación entre dos seres humanos caracterizada por una violación de la dignidad, entendida como la falta de reconocimiento y respeto; una violación de la autonomía, expresada en el poder absoluto, el control e imposición de la voluntad del perpetrador; y la falta absoluta de control, impotencia y supresión de la libre voluntad de la víctima.

Con todo, y superando las definiciones anteriores, un enfoque alternativo para evaluar la tortura es no pensar en métodos, sino en “entornos de tortura”, sobre todo, porque el impacto de la tortura no está relacionado con una sola técnica, sino con un efecto acumulativo o una combinación de técnicas que, si se utilizaran solas, no producirían los mimos efectos.

 

¿Qué son los entornos torturantes?

 

Definimos un entorno de tortura como un espacio en el que se crean condiciones que, en su conjunto, cumplirían con la definición legal de tortura. Se trata de un total de elementos contextuales, de condiciones y de prácticas, que disminuyen o anulan la voluntad y el control de la víctima sobre su vida, y que comprometen al yo. Este entorno constituirá Trato Cruel, Inhumano o Degradante (TCID) o Tortura cuando se ha generado para lograr cualquiera de los objetivos especificados en el Derecho Internacional, y en especial los que ejemplifica la Convención contra la Tortura, tales como la obtención de información, confesión, castigo, intimidación o coerción y discriminación.

En términos epidemiológicos, cualquier elemento de la vida cotidiana puede formar parte de un entorno torturante si se ha usado como forma de provocar o agravar el sufrimiento físico o psicológico dentro de su conjunto, o bien si se emplea específicamente con el propósito de torturar.

Esta nueva forma de conceptualización de la tortura viene siendo reconocida durante los últimos años por la comunidad académica de forma internacional, llegando recogerse el concepto de entornos de tortura en el informe del Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes del año 2020. 

La idea de entornos torturantes, y la posibilidad de medirlos, supone un gran paso hacia delante en la conceptualización contemporánea de la tortura. Nos proporciona una forma multifacética y comprehensiva de enfrentarnos al problema de determinar la existencia de la tortura en general (y de la tortura psicológica en particular) y las condiciones que la alientan. Bajo este modelo conceptual es que se impulsa la construcción y desarrollo de la Escala de Entornos Torturantes (TES, por sus siglas en inglés: Torturing Environment Scale).

La TES aspira a llenar el vacío actual de una herramienta que nos ayude a visualizar los efectos combinados de los métodos de tortura. El modelo se basa en un nuevo paradigma que trata de identificar la función humana que está siendo atacada y agrupar en consecuencia los métodos de tortura empleando, para ello, un enfoque teleológico, es decir, organizado de acuerdo a un número finito de posibles objetivos y al impacto que pretenden provocar en la persona.

Desde el Grupo de Acción Comunitaria, utilizando la Escala de Entornos Torturantes como herramienta, se han emprendido diversas investigaciones de carácter nacional e internacional, al tiempo que se han impartido un gran número de formaciones.

La Escala de Entornos de Tortura

 

La TES (Torturing Environment Scale) mide, a nivel individual, las probabilidades de que una persona haya sufrido tortura, y a nivel colectivo, si un entorno determinado puede ser considerado torturante. El análisis se centra en las condiciones legales, éticas, médicas, psicológicas y sociológicas en que es retenida una persona y ofrece una visión integral de la situación a efectos de evaluar si plausiblemente pudiera ésta ser considerada tortura.

La escala puede ser completada de manera manual o de forma virtual. Dada la sensibilidad de la herramienta, es necesario registrarse y ser autorizado por parte del equipo del Grupo de Acción Comunitaria para su utilización, lo cual puede demorar hasta un máximo de 72 horas.

Accede la herramienta

Recuerda que es necesario registrarse y ser autorizado por parte del equipo del Grupo de Acción Comunitaria.

Este proceso puede demorar hasta un máximo de 72h. 

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